Divulgación científica sobre la heladera y la psique

10 diciembre 2009

Se sobreentiende que el resto de los electrodomésticos es absolutamente dispensable.

Por regla general, todos tenemos una en casa: ese aparato generador de frío (robusto y proveedor), gracias al cual dejamos de comer charqui y con el que entablamos relaciones de años.

Si una persona piensa independizarse de la heladera materna e irse a vivir sola, precisa imperiosamente una nevera, además de obviamente, una propiedad alquilada o propia (en el mejor de los casos) y un buen colchón.

Los poseedores de la garantía de la heladera, pueden beatificarla o no. En los hogares en donde existe una “heladera santuario”, los invitados que se atrevan a abrir la heladera, serán considerados profanadores de lo ajeno.

A la vez, estamos los que invitamos a cualquiera que esté en nuestro hogar con modalidad self-service, poniendo al otro en la incómoda posición de tener que abrir una heladera que es non-propia y posiblemente non-frost, corrompiendo su espíritu y obligándolo a convertirse en un profanador.

A través del estudio de la heladera de un individuo, podemos determinar que tipo de persona es. Sostengo en mi tesis, que si los psicólogos pidieran en la primera sesión un par de fotos de la heladera (cerrada de frente y abierta panorámica, aconsejable), sabrían de antemano con qué tipo de psicopatía están tratando.

Si bien el análisis recoge muchos factores, esta es una lista taxativa de los que considero más relevantes:
si gasta mucho o poco en comida,
si tiene criterio a la hora de comprar o tiene 15 agua minerales y un limón,
si le da lo mismo cualquier marca,
si compra vegetales y lácteos,
si el 98% de lo que contiene en algún momento estuvo vivo,
si es un conservador de las marcas inculcadas,
si busca la mejor relación precio-calidad,
si se cuida o se tienta,
si los productos están en fecha o vencidos,
si usa el freezer para mantener el helado o para eternizar las milanesas de su madre, etc.
También se desprenden datos como por ejemplo
si escribe recordatorios en notas,
si usa remises o taxis,
si come las sobras,
si tiene imanes de pizzerías y delivery de alcohol.

En lo que a mí respecta (y según mis años de estudios sobre individuos y heladeras), no hay pronóstico más desolador que el de una heladera desértica.
El sujeto dueño de una heladera desértica no se quiere, ni sabe querer a nadie. El vacío de la heladera representa la vacuidad espiritual de su dueño.

Quiero aclarar que este texto, como casi todos los textos de divulgación científica, carecen de seriedad y respaldo.

Publicar en FacebookPublicar en Facebook

Publicar en TwitterPublicar en Twitter

Anuncios